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[Perfil] Grande Chiqui
Lima, 17 de febrero de 2015
Un pastor decidido a hablar en el mismo lenguaje de sus seguidores tiene ms posibilidades de ser escuchado. En la complicada zona de El Agustino, y en los das cuando la violencia campeaba en buena parte del pas, el padre "Chiqui" hizo del rock y la prctica del deporte sus mejores aliados para llevar a los jvenes de su comunidad por el camino del bien.


Un toldo oscuro cubre aquel pequeo escenario donde luces multicolores juguetean incansables. Ocho jvenes msicos irrumpen con guitarras y trompetas, y empiezan a darle ritmo a la noche. Chiqui los sigue con las maracas, empua el micro y empieza a cantar. Apenas lo hace y la gente rockera congregada all hierve en adrenalina.

Su nombre es Jos Ignacio Mantecn Sancho, pero todos en El Agustino lo conocen como el padre Chiqui. Sacerdote de jean y arete, misa y parroquia, pero sobre todo un personaje con una pastoral que incluye pichangas y un rock que retumba en los cerros del distrito.

Dej Espaa en 1981 y se vino al Per para trabajar en los emblemticos colegios Fe y Alegra. Cuatro aos despus cogi sus maletas y se mud a El Agustino incorporndose a la parroquia Virgen de Nazareth. Era 1985.

ENTRE LOS CERROS

En la Lima de entonces se respiraba violencia poltica y crisis econmica. Las pandillas eran una expresin del descontento y frustracin de cientos de jvenes.

Y aun cuando pudo preferir una pastoral ms tranquila, el padre Chiqui opt por trabajar entre los cerros y zonas rojas de El Agustino. Los pandilleros son mis vecinos, y si ellos tienen problemas, tambin son mis problemas, asegura.

Cuando el sacerdote jesuita lleg, las pandillas eran cosa muy seria. No haba noche en que no hicieran de las suyas. Por aqu y por all, cientos de jvenes armados con piedras, palos y cuchillos convertan las calles en tierra de nadie.

Una de estas pandillas, tal vez las ms temida, era la de los Picheiros. Desde fines de los ochenta, el padre Chiqui se acerc a ellos y a otras pandillas. A partir de este trabajo se gestaron varias asociaciones juveniles como Martin Luther King, Ch Guevara, Gandhi, Nelson Mandela, Tpac Amaru, y otras.

ALTERNATIVAS

Fueron grupos de jvenes que rompieron la lgica de violencia de El Agustino. Y una de las lgicas que usamos para ello fue la del deporte, cuenta el sacerdote.

Del deporte dice que es un poderoso vehculo para alejar a los jvenes de los vicios que los condenan a una vida sin aspiraciones, les da una motivacin distinta, y contribuye fuertemente a formar una persona diferente.

Desde la niez puedes trabajar con ellos una serie de valores que a veces en la familia no los encuentran; que en el colegio no tienen, y que la calle no les va a brindar si no tienes un proyecto formativo. Y es que no se trata nicamente de darles una pelota y que jueguen, reflexiona.

Y los resultados iban siendo de campeonato. Aquellos mismos jvenes hbiles antes corriendo piedra en mano en pos de una pelea campal, ahora eran hbiles corriendo tras una pelota en busca del gol.

Empezamos a trabajar con los nios y ya luego lleg la fundacin Real Madrid que anim el desarrollo de las llamadas Escuelas Sociodeportivas en El Agustino.

Esta iniciativa ha marchado tan bien que estas Escuelas han sido reconocidas por el Estado, la empresa privada y la comunidad. El Comit Olmpico Internacional las califica de proyecto modelo, y el club Real Madrid las felicit porque ha logrado alejar a los nios y nias de la delincuencia, el uso de drogas y el abandono escolar.

ORAR DOS VECES

Un canal de televisin encuentra al padre Chiqui en el cerro. Est cantando con uno de los grupos de rock del distrito. Los jvenes msicos dicen ser el nico grupo que tiene un cura propio. Y es que a l le gusta la msica, porque total, San Agustn deca que cantar es como orar dos veces.

La msica es enriquecedora para todo. El arte es algo que nos hace crecer como personas y a travs de la msica se pueden transmitir una serie de sentimientos y valores, sostiene.

El padre Chiqui ha trabajado junto a los jvenes de El Agustino tocando y cantando, y as le dieron vida a lo que sera el ms grande movimiento de rock de fines de los ochenta.

Fui creador del Agustirock, un espacio importante de donde han salido grupos muy buenos como Los Mojarras, Tabarra, Camuflage, La Sonora del Amparo Prodigioso, La Sarita, entre otros.

Los primeros conciertos, antes del Agustirock, empezaron en su parroquia. Pero luego tomaron la va pblica. El segundo Agustirock se realiz en la avenida Riva Agero, con un lleno de gente, recuerda.

ESTUDIO Y TRABAJO

Al padre Chiqui le gustaba jugar pelota. Esto, junto a haberlo visto tocar y cantar en un escenario, ayud a que su trabajo con las pandillas no se viera como algo extrao.

Adems, en ese tiempo yo era capelln del club Alianza Lima. Empezamos a trabajar con los chicos del Comando Sur. Fue un momento en que los jefes de las barras de Comando Sur y de Trinchera Norte de la U vivan ac y se organizaban las marchas para ir al estadio. Las pandillas eran muy violentas. Jvenes que yo conoc se murieron a balazos, a machetazos, recuerda.

En su cercana con los jvenes, el padre Chiqui observ que junto a la pelota haca falta un saln para estudiar y oportunidades de trabajo.

Los muchachos me dijeron que haba que trabajar con los nios, porque si ellos hubieran tenido esto cuando ellos eran nios derrepente no hubieran hecho todo ese camino de delincuencia, violencia, drogas, crcel y en algunos casos la muerte, seala.

As se puso en marcha iniciativas de educacin y empleo. Con este trabajo muchos dejaron atrs el analfabetismo y pudieron continuar sus estudios. Otros, incluso lograron seguir la universidad.

Adems, se desarroll un programa de empleo que posibilit la insercin de jvenes en centros laborales exitosos. Muchos empezaron a trabajar en empresas como Plaza Vea, Casa Andina, Interbank, Cineplanet, entre otros, refiere.

HOMBRE SENCILLO

A pesar de ser todo un personaje, este sacerdote de 61 aos mantiene la misma sencillez con la que lleg a inicios de los ochenta.

Dice no convertir a nadie, pero su prctica le ha cambiado la vida a muchos. A travs de la msica, el deporte y un conjunto de iniciativas inclusivas, el padre Chiqui ha contribuido a reducir en mucho la violencia y mejorar las condiciones de convivencia de la gente en esta parte de Lima.

Todo esto lo hace, dice l, por una razn muy sencilla. En la historia de la oveja perdida de la que nos habla la biblia, se nos recuerda que debemos dejar las noventa y nueve que estn seguras y echarnos a buscar a la que est perdida, reflexiona.

Sigue la noche, vibra el concierto, y la msica no para en El Agustino. Chiqui!, Chiqui! corea la gente mientras el sacerdote del arete sigue cantando, hilando una letra que seguro en su corazn debe decir bienaventurados los que terminan esta noche al ritmo del rock.
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